ENTRE LA NATURALEZA Y LA CREATIVIDAD
1.Un largo camino recorrido,
Una cámara (o dos) siempre en la mano.

La fotografía siempre ha sido una constante en mi vida, una pasión que despertó en los años 90, con mi primera cámara compacta de película. Aquel pequeño regalo marcó el inicio de un amor que, aunque en momentos parecía dormido, nunca dejó de estar presente. Recuerdo con cariño las fotos que tomaba en viajes y vacaciones, aunque muchas veces eran torpes intentos de capturar la belleza que veía, con imágenes sobreexpuestas por el sol o desenfocadas. Pero incluso entonces, algo en mí sabía que la fotografía era más que un simple pasatiempo.

Con el tiempo, la vida me llevó por otros caminos profesionales, centrándome en la electrónica y en las artes gráficas, pero siempre volvía a la cámara. Mi hermano, sabiendo cuánto disfrutaba este arte, me regaló una Nikon Coolpix S200, una compacta digital que me permitió redescubrir el mundo desde nuevas perspectivas. Empecé a experimentar con el macro y a apreciar los pequeños detalles que antes pasaban desapercibidos: líquenes, texturas, e incluso piedras que parecían cobrar vida a través del lente.
Mi conexión con la naturaleza y el mar ha estado presente ya desde niño. A pesar de haber nacido y vivido en Barcelona durante 25 años, tuve la suerte de tener los fines de semana una zona de escape en un pueblo de Tarragona, que a la larga se convirtió en mi hogar. A lo largo de mi vida he estado siempre en contacto necesario con el mundo natural y el mar, y una vez cambié la ciudad por el campo, y junto mi fiel compañero Yako, siempre que podíamos explorábamos montañas, bosques y caminos o en la playa, en paseos donde siempre había una cámara a mano para capturar el momento. Sin embargo, las circunstancias de la vida me llevaron a perder ese contacto que tanto valoraba, y durante un tiempo, la fotografía quedó relegada a los móviles de última generación, y mis paseos por la Naturaleza también se redujeron drásticamente por falta de tiempo, todo se lo llevaba ese trabajo que tan poco me llenaba y tanto me estaba quitando en un almacén.
Todo cambió tras una lesión de espalda trabajando que me dejó sentado durante años. Fue un momento difícil, pero también una oportunidad para redescubrir la fotografía, esta vez desde un enfoque más técnico y artístico. Durante este tiempo, decidí aprender todo lo posible sobre el manejo de cámaras réflex, las técnicas de larga exposición y los principios que convierten una imagen en arte.
La lesión no solo transformó mi relación con la fotografía, sino también con la naturaleza. Los paseos largos con Yako, que antes eran un bálsamo tras días de trabajo, se convirtieron en un espacio esencial para conectar con el entorno. Y aunque en 2020 tuve que despedirme del que fue mi leal compañero durante 14 años, su espíritu sigue presente en cada aventura que sigo emprendiendo desde entonces, ahora con Spot, mi fiel y querido compañero que comparte conmigo mi amor por la naturaleza y, a veces, mi paciencia infinita para capturar la foto perfecta.
Fue también durante esta etapa de recuperación que decidí descubrir la astronomía a otro nivel. Primero, con un pequeño telescopio y mucha curiosidad, empecé a aprender sobre los cielos que tanto me fascinaban desde niño. Pronto, mi interés por las estrellas se convirtió en una nueva pasión: la astronomía y la fotografía de cielo profundo. Desde esos primeros intentos con un telescopio modesto hasta la adquisición de un equipo más avanzado, cada paso ha sido un viaje de aprendizaje, perseverancia y asombro ante la inmensidad del cosmos. Una increíble forma de saciar esa curiosidad por lo desconocido, mezcla de história, ciencia y belleza, de técnica y paciencia, para poder dar a descubrir a todas las personas que viven ajenas a todo lo que nuestro cielo esconde.

Y de esta forma es como, casi sin querer, me introduje también en la fotografía infrarroja. Ya que para poder captar algunas de las nebulosas de reflexión son necesarias cámaras que sean capaces de captar la luz infrarroja, invisible a nuestros ojos y a la de mayoría de las cámaras. Un tipo de fotografía que es capaz de sacar contrastes impresionantes, dar colores increíbles a paisajes, y todo retirando un filtro que lleva el sensor. En mi caso, modifiqué la vieja Nikon D3100 que había estado usando para manejarme y aprender con una DSLR. Me atreví a hacerlo una vez que el obturador de la cámara se estropeó mientras hacía una sesión de "startrails"

Usando esos conocimientos de electrónica, y con una cámara que ya no funcionaba bien, no había mucho que perder. Y así, abrí una puerta que desconocía. Un tipo de fotografía que desafía a la realidad, pudiendo así conseguir imágenes llenas de magia, intriga o drama, dando una gran posibilidad añadida a crear fotos completamente únicas. Y a su vez, poder fotografiar nebulosas que sin una cámara especifica para astrofotografía serían casi imposibles de lograr.
Y así es como esta pasión me ha llevado desde entonces con dos cámaras colgadas al cuello, una mochila a la espalda y con los objetivos y trípode dispuesto a captar toda la belleza de este planeta que nos rodea; y a Spot dándome ánimos para hacer esas subidas por la montaña o mientras hacemos esas caminatas en medio de la noche mientras cargo con todo eso…
Al fin y al cabo… la fotografía es de esas pocas cosas, supongo, que es capaz de convertir un fragmento de tiempo en arte.
2.Conectar con nuestro entorno
Desde que era niño, mis padres me enseñaron a valorar el mundo natural. Aquellos días explorando la costa, los bosques y las montañas cercanas sembraron en mí una profunda conexión con el entorno que me rodea. Estas experiencias moldearon mi visión de la vida y me ayudaron a entender la importancia de vivir en equilibrio con la naturaleza.
Hace años tomé una decisión que cambió mi vida: dejar atrás el bullicio de Barcelona y buscar un lugar donde el contacto con el mar y la montaña fuera cotidiano. La Costa Daurada, con su riqueza paisajística, se convirtió en mi refugio. Aquí, entre los olivares y viñedos de los pueblos de interior, los pinares llenos de vida, y las largas playas de arena blanca que bañan el Mediterráneo, encontré la tranquilidad y la inspiración que buscaba.
No se trata solo de disfrutar de un entorno privilegiado, sino de ser consciente de su fragilidad. He sido testigo de cómo los inviernos traen cada vez menos nieve a las montañas, cómo las lluvias se hacen más impredecibles y cómo los ríos y los paisajes reflejan el impacto del cambio climático con largas sequías y lluvias torrenciales cada vez más frecuentes. Estas transformaciones me han hecho valorar aún más la belleza efímera de este entorno y reforzado mi compromiso de compartirla a través de mi fotografía.
Porque conectar con la naturaleza no es solo una cuestión de placer personal; es un acto de responsabilidad. Desde los Pirineos hasta las tierras de Tarragona, desde las montañas de Prades, pasando por pueblos llenos de história como Vespella de Gaià, hasta la costa y sus pueblos pesqueros como Altafulla hasta los parques naturales como el Delta del Ebro, son un recordatorio constante de que vivimos en un planeta único que debemos proteger para nosotros y para las generaciones futuras.
Cada amanecer sobre el mar, cada paseo entre los árboles o cada rastro de vida en las montañas me inspira a seguir observando y documentando este mundo maravilloso y cambiante. Porque creo que solo si aprendemos a conectar profundamente con la naturaleza, podremos comprender lo vital que es cuidarla.
